jueves, 19 de junio de 2014

VOTO OBLIGATORIO Y PARTICIPACION CIUDADANA



En el pasado debate electoral, en el que se eligió Presidente y Vicepresidente de la República para el periodo constitucional 2014 – 2018, el nivel de participación estuvo alrededor del 48%, con una abstención del 52%, registrando un leve aumento en comparación a la 1ª vuelta en la que la abstención alcanzo la cifra del 60%.

El artículo 40 de la Constitución Política establece que “todo ciudadano tiene derecho a participar en la conformación, ejercicio y control del poder político”[1] y entre los mecanismos con los que se cuenta para hacer efectivo este derecho están el de elegir y ser elegido, así como tomar parte en elecciones, plebiscitos, referendos, consultas populares y otras formas de participación democrática.

Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal. La participación en las últimas elecciones para Congreso, Presidencia y Vicepresidencia de la República refleja que los niveles de indiferencia frente a procesos democráticos como son elegir libremente nuestros representantes en las corporaciones públicas y gobernantes municipales, regionales y nacionales, están aún por debajo del 50%.

Quedo demostrado que el voto voluntario permite que la tasa de participación sea muy baja, mientras que el establecimiento del voto obligatorio hace que los niveles de participación sean superiores, por ejemplo en Uruguay los niveles de participación están por encima del 90%, En América Latina, a excepción de Colombia y Nicaragua; el voto obligatorio es norma constitucional en el derecho al sufragio. 

En Colombia observamos que el voto voluntario, conduce a una participación desigual según el nivel socio-económico. Así, los estratos bajos tienden a votar menos que las personas de nivel socio-económico medio y alto, de modo que permite que sean estos sectores sociales los que decidan por el conjunto de la población; lo que significa que mientras el voto voluntario conduce a una democracia pasiva, basada en una ciudadanía de baja intensidad, el voto obligatorio conduce a una democracia activa, basada en una ciudadanía de alta intensidad, ya que en estos últimos hay mayor conciencia ciudadana, basada en el ejercicio de sus derechos y deberes de participación en los procesos democráticos.

El escepticismo y poca credibilidad en la clase política, que en medio de los escándalos buscaron polarizar al país, en las pasadas elecciones presidenciales, generando todo tipo de acusaciones y calumnias, desmotivaron al ciudadano para ejercer el derecho al sufragio, al no encontrar alternativas que expresaran sus intereses y optan por no participar del proceso electoral. 

El voto obligatorio es una herramienta con la que cuenta el ciudadano, para manifestar su inconformidad con los líderes y partidos políticos que al no interpretar su interés pueden ser castigados votando en blanco como una expresión política de disentimiento, abstención o inconformidad, con efectos políticos y se constituye en una valiosa expresión del disenso a través del cual se promueve la protección de la libertad del elector[2]

El artículo 9 del Acto Legislativo 01 de 2009, establece que "Deberá repetirse por una sola vez la votación para elegir miembros de una corporación pública, gobernador, alcalde o la primera vuelta en las elecciones presidenciales, cuando del total de los votos válidos, los votos en blanco constituyan la mayoría y no se podrán presentar a las nuevas elecciones las listas que no hayan alcanzado el umbral cuando se trata de elección para corporaciones públicas y para el caso de alcaldes, Gobernadores o Presidente y Vicepresidente de la República, deberán presentar una nueva baraja de candidatos.

Es equivocada la apreciación de que la abstención es una forma de expresar la inconformidad ciudadana, por el contrario ayuda a que una minoría sea la que decida, fortalece el clientelismo y las maquinarias políticas. Con el voto obligatorio el ciudadano podrá elegir, de manera autónoma y soberana, a sus gobernantes cuando interpreta su interés o por el contrario castiga a aquellos candidatos y colectividades políticas que han actuado a espaldas de sus electores.

En conclusión el voto obligatorio, más allá de ser un deber moral o legal, evita que unos grupos sociales minoritarios monopolicen el poder político, cosa que de hecho ocurre con el ejercicio voluntario del sufragio. 


[1] Constitución Política de 1991. Articulo 40

[2] Sentencia C-490 de 2011 de la Corte Constitucional que declaró la exequibilidad de la Ley 1475 (Reforma Política).

sábado, 31 de mayo de 2014

ETICA DE LA RESPONSABILIDAD

Mauricio García Villegas*
Tomado del Espectador
Mayo 30 de 2014

En una entrevista publicada en este diario, el senador Jorge Robledo reitera su idea de que Santos, Zuluaga y Uribe son la misma vaina, e insinúa que, por coherencia ideológica y en defensa de sus principios, no votará por ninguno de ellos.

En un país en donde la clase política no es fiel a nada, ni a nadie, las ideas de Robledo suenan bien, más aún viniendo de un senador comprometido y juicioso como es él. Pero a mí no me convencen. Robledo puede, por supuesto, votar en blanco. Lo que no creo que pueda es decir que lo hace por coherencia y rectitud ética. Me explico.

Según Robledo, un político recto es aquel que tiene claro cuáles son sus principios y que no negocia con ellos. Pero esta actitud tiene al menos dos problemas. En primer lugar, los fines políticos (justicia, libertad, desarrollo, igualdad, etc.) pueden ser claros en la letra (uno a uno), pero son difíciles de conciliar en la práctica. El desarrollo económico y la protección del medio ambiente, por ejemplo, son importantes en una sociedad. Pero no se puede lograr todo lo que se quiere de cada uno. Hay que elegir el mayor grado posible de desarrollo, compatible con el mayor grado posible de protección al medio ambiente. Esos grados son discutibles y uno debe negociar entre ellos.

El segundo problema es que la relación entre los medios y los fines políticos tampoco es clara, como bien lo explicó Max Weber en un texto célebre sobre la ética de la convicción de los santos y la ética de la responsabilidad de los políticos. Ni siquiera los santos pueden evitar el hecho de tener que optar, a veces, por ciertos medios indeseables para lograr fines valiosos (la mentira piadosa, por ejemplo). En el caso de los políticos, esto es aún más forzoso. Un político responsable puede verse abocado a ceder parte de sus principios o incluso a negociar con sus enemigos políticos con tal de evitar males mayores. Eso fue lo que hizo Mandela en Sudáfrica para acabar con el apartheid. Otra cosa es negociar para obtener fines personales. La ética de la responsabilidad nos exige afrontar las consecuencias de nuestros actos sin liberarnos de la exigencia que tenemos de justificar los medios que utilizamos.

Robledo nunca negocia, ni siquiera cuando de ello depende que gente humilde mejore las condiciones en las que vive. No lo hizo para defender el programa de restitución de tierras y no lo hace ahora, cuando su voto ayudaría a que la paz se consiga. Y siempre invoca la pulcritud moral de sus actos. Es cierto que hay ocasiones en las que hay que defender principios a toda costa, como ocurre cuando alguien se niega a torturar a un delincuente para obtener información que conduzca a la captura de sus cómplices. Pero este no es el caso de Robledo. Primero, porque apoyar a Santos no es un delito, y segundo, porque ese apoyo está encaminado a lograr la paz, que es un bien inmenso para este país. Un santo puede, en su lógica religiosa, ser fiel a sus principios, así ello implique que el mundo se derrumbe. Un político responsable, en cambio, no puede hacer eso y luego decir: “de malas, es culpa de este país, no mía”.

Un político responsable de izquierda (no sólo de izquierda) diría, creo yo, lo siguiente: prefiero pagar el costo de tener que apoyar a un presidente con el que tengo muchas diferencias, que afrontar las consecuencias (éticas) de contribuir a frustrar un proceso de paz que durante años, quizás décadas, cargará con miles de muertos. Por eso, voto por él, para que logre la paz, lo cual no me impedirá hacerle oposición en todo lo demás.




* Columnista del periódico EL Espectador - Doctor en Ciencia Política de la Universidad Católica de Lovaina la Nueva en Bélgica con estudios posdoctorales en la Universidad de Wisconsin-Madison (Estados Unidos); abogado especializado en el estudio y la enseñanza de Teoría Legal, Sociología del Derecho, y Derecho Constitucional en universidades
colombianas e internacionales. 

viernes, 30 de mayo de 2014

LA PAZ: UN PROPOSITO NACIONAL MAS ALLA DE LAS IDEOLOGIAS


Julio E. Higuera*

Los resultados de la primera vuelta para la Presidencia de la República, que dejo como ganador a Alvaro Uribe, quien esta aspirando a la Presidencia en cuerpo ajeno – Oscar Iván Zuluaga-, tendrá que enfrentarse al Presidente Candidato Juan Manuel Santos en una segunda vuelta y naturalmente definir el rumbo que tomara el país en los próximos cuatro años; si continuamos por el camino de alcanzar la paz y la reconciliación nacional o retrocedemos a los tiempos de guerra, violación de los derechos humanos, chuzadas, falsos positivos y recorte de los derechos ciudadanos.

El debate en la izquierda giro en torno a la posición que debían fijar para la segunda vuelta presidencial. Pese a que la gran mayoría de los sectores de la izquierda coinciden en que las diferencias políticas entre Santos y Zuluaga son limitadas, en materia de política económica y social, se puede afirmar que la actuación del gobierno actual, en temas como el respeto a los derechos humanos y de libertades democráticas, se logro un avance importante en comparación con el gobierno anterior, basta con recordar, entre otros, el pésimo panorama de los derechos humanos bajo los ocho años de poder de Uribe y el espionaje y señalamientos sistemáticos a los opositores de tener relaciones con la insurgencia y de la penetración de la criminalidad paramilitar dentro del Estado colombiano.

El común denominador de todas estas fuerzas es su apoyo y defensa de los diálogos de paz que se vienen desarrollando en la Habana entre las guerrillas de las Farc y el Gobierno Nacional, los cuales están seriamente amenazados por el Candidato del Centro Democrático, quien ha manifestado, irresponsablemente, la suspensión de los mismos hasta que las Farc se someta a unas condiciones inamovibles que les impondría, si llega a la Casa de Nariño. 

Más allá de los debates ideológicos, nutridos de radicalismo, se debe valorar los avances en materia de diálogo y negociación para poner fin a este conflicto de más de 50 años, blindándolo contra las pretensiones llenas de odios y venganza, por situaciones personales sufridas en el pasado, en las que quieren involucrar, Uribe, al conjunto de la sociedad. 

El eufemismo del senador Jorge Robledo de que Santos y Uribe son exactamente lo mismo, subestimando la importancia que tiene para el país el final del conflicto armado, argumentando un supuesto purismo ideológico, dando a entender que un militante de izquierda no podría votar por Santos en la segunda vuelta, que si el Polo llama a votar por Santos significaría que el partido ya no podría estar en la oposición en un eventual segundo mandato; no son más que dogmas ideológicos, alejados de la realidad y olvidando la historia electoral de la izquierda, en el pasado, incluyendo al Moir, en las que se construían acuerdos con sectores de los partidos tradicionales para la Presidencia, Congreso de la República o Corporaciones Públicas regionales y municipales, solo con el propósito de alcanzar escaños en esos espacios de elección popular, dejando de lado las diferencias ideológicas y trabajando por un bien común.

La responsabilidad es con el conjunto de la sociedad, más allá del interés partidista, y en la coyuntura actual debe girar en torno a la defensa de la paz como un propósito nacional que supere cualquier interés particular o grupista.

Votar por Santos, no significa renunciar a los idearios de izquierda, todo lo contrario, es crear las condiciones para que estos idearios puedan seguir creciendo, no solamente desde el Congreso, sino desde todos los espacios de participación ciudadana y es asumir un compromiso, que ha sido bandera de la izquierda democrática, de apoyar la búsqueda de la paz mediante la solución política negociada. Tomar una decisión contraria, sin efecto constitucional, como es el voto en blanco o la abstención, pueden ser contraproducentes y puede terminar favoreciendo a los que buscan perpetuarse en el poder e instaurar una dictadura guerrerista y de permanente violación de los derechos humanos. Nada más acertada la posición asumida por el Senador Electo del Polo Democrático Iván Cepeda, al manifestar que “Cruzarse de brazos es acabar con la paz, la institucionalidad y el país”.




* Politólogo, Especialista en Cultura de Paz y Derecho Internacional Humanitario.

sábado, 24 de mayo de 2014

VOTO POR LA PAZ Y CONTRA LOS ODIOS

La amenaza de uribista de terminar con los diálogos de la Habana, nos convoca a que este domingo 25 de mayo nos manifestemos por la continuidad de este proceso de paz hasta la firma de un acuerdo que ponga fin a el conflicto armado que hemos soportado por mas de 50 años.

domingo, 20 de abril de 2014

LA DOCTRINA SOCIAL DE FRANCISCO



Quienes nos formamos en la escuela del Marxismo, concebimos a la religión como el “opio del pueblo”, que en palabras de Carlos Marx no era más que la alienación porque desvía al hombre del único ámbito en donde le es realmente posible la salvación y felicidad, el mundo humano, el mundo de la grandeza expresado en la vida social y económica.
               
Pese a que en la doctrina social de la iglesia, entre sus principios se encuentra, además de la dignidad de la persona humana, el bien común y la consabida opción por los pobres, en muchas ocasiones ministros de la iglesia católica,  toman partido pero no por las clases desfavorecidas sino por la clase dominante, perpetuando a ésta en el poder, legitimando el estado de cosas existente, dando incluso, en casos extremos, justificaciones teológicas al dominio de un grupo social sobre otro.

Con el inicio del Pontificado de Jorge Mario Bergoglio, quien tomo el nombre de Francisco, retoma los fundamentos del pensamiento social de la Iglesia, en el que los pobres se convierten en uno de los pilares de su papado, que además de ser una preocupación del  Evangelio, le indican al Papa la humildad, austeridad y la solidaridad. De allí que una de sus consignas sea “una Iglesia pobre y para los pobres”. 

Para el Papa Francisco, la Iglesia Católica es una institución que debe cambiar, dejando de lado la opulencia y el afán del dinero, males del que se dejaron llevar algunos de sus miembros extraviándose de la fe; volviendo a vivir en la humildad y con deseos de justicia, formando a sus miembros en profundizar en la Doctrina Social de la Iglesia, acercándose y preocupándose por la gente y su dignidad, colándolo como un aliciente para trabajar en la edificación de una sociedad más justa y solidaria.
               
La iglesia renovadora de hoy, se acerca más a los propósitos de las organizaciones y movimientos sociales, basados en la justicia  social, exhortando al Estado a socorrer a las clases más desfavorecidas y alentando el dialogo social, en la búsqueda de la paz, la reconciliación, la verdad, y la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Es un camino en el que los marxistas podemos aportar, entendiendo que más allá de las barreras ideológicas, está el compromiso de trabajar por el bienestar de los seres humanos y  la democracia.              

viernes, 4 de abril de 2014

VOTO EN BLANCO


EL VOTO EN BLANCO: UNA EXPRESION CIUDADANA

En las pasadas elecciones para Congreso de la República, la abstención estuvo alrededor del 57%, mientras que el voto en blanco alcanzo la cifra del 5.5%, siendo una de las más altas en los últimos años.

El voto en blanco viene adquiriendo una importante fuerza, en los actuales momentos. Según la última encuesta de Polimetría para Caracol Radio, ocupa el primer lugar con el 26% de la intención de voto, 3 puntos por encima del candidato Presidente.

El voto en blanco, en Colombia, es una opción de decisión política legítima de los ciudadanos para manifestar su inconformidad frente a los candidatos que se presentan a una contienda electoral. Pero existen dudas e inquietudes frente a la naturaleza y efectos de esta opción de sufragio, por ser un mecanismo de la democracia participativa, muy poco utilizado y por ende con una baja cultura sobre su importancia como una forma de expresión ciudadana.

Hay experiencias en las que el voto en blanco obtiene la mayoría absoluta, como es el caso de los municipios de Susa – Cundinamarca y Bello – Antioquia, obligando a repetir las elecciones, en las que no podían presentarse los candidatos derrotados por el voto en blanco.

La pregunta es qué hacer para que esa alta franja de ciudadanos que buscan la forma de expresar su inconformidad, con la actual clase y partidos políticos, dejan esa pasividad,  transformándola en una expresión de cambio a través del voto en blanco, como  una opción válida en la democracia, en la que el ciudadano comprende la importancia de su voto y decide manifestar su descontento con las opciones que se le ofrecen en una contienda electoral como la que vivimos, entendiendo que el voto en blanco también es una una expresión política de disentimiento, abstención e inconformidad. Cuando el ciudadano se abstiene de votar por uno de los candidatos a la Presidencia de la República, es porque ninguno de ellos llena sus expectativas, pero acercándose a las urnas a depositar su voto en blanco, manifiesta,  con él,  su desengaño con la política actual y con la esperanza cierta de que el país sí puede cambiar, a través de este mecanismo que le proporciona la Constitución Nacional. 

La importancia y validez de este instrumento de la democracia participativa, pasa por el desarrollo de una intensa campaña de pedagogía política, para una mayor compresión del ciudadano de la importancia del sufragio, como un derecho mediante el cual podemos participar en la construcción de un Estado Democrático, Participativo y con Equidad Social.