sábado, 24 de mayo de 2014
VOTO POR LA PAZ Y CONTRA LOS ODIOS
domingo, 20 de abril de 2014
LA DOCTRINA SOCIAL DE FRANCISCO
Quienes nos
formamos en la escuela del Marxismo, concebimos a la religión como el “opio del
pueblo”, que en palabras de Carlos Marx no era más que la alienación
porque desvía al hombre del único
ámbito en donde le es realmente posible la salvación y felicidad, el mundo
humano, el mundo de la grandeza expresado en la vida social y económica.
Pese a que en
la doctrina social de la iglesia, entre sus principios se encuentra, además de la dignidad de la persona
humana, el bien común y la consabida opción por los pobres, en muchas ocasiones ministros de la iglesia católica, toman partido pero no por las clases desfavorecidas sino por la clase dominante, perpetuando
a ésta en el poder, legitimando el estado de cosas existente, dando incluso, en
casos extremos, justificaciones teológicas al dominio de un grupo social sobre
otro.
Con el inicio
del Pontificado de Jorge Mario Bergoglio, quien tomo el nombre de Francisco, retoma los fundamentos del pensamiento
social de la Iglesia, en el que los pobres se convierten en uno de los pilares de su papado, que además de ser una preocupación del
Evangelio, le indican al Papa la humildad, austeridad y la solidaridad. De allí
que una de sus consignas sea “una Iglesia pobre y para los pobres”.
Para el Papa
Francisco, la Iglesia Católica es una institución que debe cambiar, dejando de
lado la opulencia y el afán del dinero, males del que se dejaron llevar algunos
de sus miembros extraviándose de la fe; volviendo a vivir en la humildad y con
deseos de justicia, formando a sus miembros en profundizar en la Doctrina Social de la
Iglesia, acercándose y preocupándose por la gente y su dignidad, colándolo como un aliciente para trabajar en la
edificación de una sociedad más justa y solidaria.
viernes, 4 de abril de 2014
EL VOTO EN BLANCO: UNA EXPRESION CIUDADANA
En
las pasadas elecciones para Congreso de la República, la abstención estuvo
alrededor del 57%, mientras que el voto en blanco alcanzo la cifra del 5.5%,
siendo una de las más altas en los últimos años.
El
voto en blanco viene adquiriendo una importante fuerza, en los actuales
momentos. Según la última encuesta de Polimetría para Caracol Radio, ocupa el
primer lugar con el 26% de la intención de voto, 3 puntos por encima del
candidato Presidente.
El
voto en blanco, en Colombia, es una opción de decisión política legítima de los
ciudadanos para manifestar su inconformidad frente a los candidatos que se
presentan a una contienda electoral. Pero existen dudas e inquietudes frente a
la naturaleza y efectos de esta opción de sufragio, por ser un mecanismo de la
democracia participativa, muy poco utilizado y por ende con una baja cultura sobre
su importancia como una forma de expresión ciudadana.
Hay
experiencias en las que el voto en blanco obtiene la mayoría absoluta, como es
el caso de los municipios de Susa – Cundinamarca y Bello – Antioquia, obligando
a repetir las elecciones, en las que no podían presentarse los candidatos
derrotados por el voto en blanco.
La
pregunta es qué hacer para que esa alta franja de ciudadanos que buscan la
forma de expresar su inconformidad, con la actual clase y partidos políticos,
dejan esa pasividad, transformándola en
una expresión de cambio a través del voto en blanco, como
una opción válida en la democracia, en
la que el ciudadano comprende la importancia de su voto y decide manifestar su
descontento con las opciones que se le ofrecen en una contienda electoral como
la que vivimos, entendiendo que el voto en blanco también es una una expresión política de disentimiento, abstención e inconformidad. Cuando
el ciudadano se abstiene de votar por uno de los candidatos a la Presidencia de
la República, es porque ninguno de ellos llena sus expectativas, pero acercándose
a las urnas a depositar su voto en blanco, manifiesta, con él, su
desengaño con la política actual y con la esperanza cierta de que el país sí
puede cambiar, a través de este mecanismo que le proporciona la Constitución
Nacional.
La importancia y validez de este instrumento de la democracia participativa, pasa por el desarrollo de una intensa campaña de pedagogía política, para una mayor compresión del ciudadano de la importancia del sufragio, como un derecho mediante el cual podemos participar en la construcción de un Estado Democrático, Participativo y con Equidad Social.
La importancia y validez de este instrumento de la democracia participativa, pasa por el desarrollo de una intensa campaña de pedagogía política, para una mayor compresión del ciudadano de la importancia del sufragio, como un derecho mediante el cual podemos participar en la construcción de un Estado Democrático, Participativo y con Equidad Social.
domingo, 16 de marzo de 2014
POR QUÉ EL CABALLO DE NIETZSCHE
"Siempre hablamos de la política como un ejercicio ético y moralmente humanista, pero sera que en su desarrollo tenemos en cuenta esos valores?". Les dejo el presente articulo para su reflexión:
Ocurrió en Turín, el 3 de enero de 1889. Friedrich Nietzsche cruza la plaza Carlo Alberto y se topa con un cochero que azota con el látigo a su caballo, rendido, agotado, resignado, doblegado en el suelo. Nietzsche, hondamente dolido, herido en lo más profundo de su alma, se arroja sobre el caballo y lo abraza.
Los relatos del incidente varían según los autores. Unos dicen que le susurró palabras que solo él, el caballo, podía oír. Otros dicen que permaneció en silencio, llorando, quizá hablándole sin pronunciar palabra. Pero todos coinciden en que fue un episodio crucial en la vida del filósofo alemán: el momento en el que perdió lo que la humanidad llama “razón” y, de alguna forma, rompió para siempre con esa misma humanidad, que lo consideró desde entonces un perturbado. Permaneció junto al caballo hasta que fue detenido por desórdenes públicos. Sabemos lo que pasó después con Nietzsche, pero no hemos sabido qué fue de aquel caballo.
Podemos pensar, como escribió Milan Kundera en La insoportable levedad del ser, que en aquel momento Nietzsche pedía perdón al caballo en nombre de la humanidad, en nombre de Descartes. Queremos pensar que le pidió perdón porque la humanidad, al construir su relación con los animales, eligiera a Descartes frente a, por ejemplo, Pitágoras. Porque se apoyara en Descartes y no en Pitágoras para interpretar el “dominio” que, según el Génesis, Dios otorgó a los humanos sobre los demás animales.
Hay palabras en el Génesis que nos podrían haber permitido construir esa relación sobre el respeto, sobre una premisa de protección de los “superiores” sobre los “débiles”, incluso sobre el amor. Pero los humanos optaron por interpretar que podemos ejercer de dueños y señores de cuanto nos rodea, y la historia de la humanidad es la del uso a su antojo y el abuso del resto de los animales.
En ese proceso, Descartes es causa y efecto. Como recuerda Kundera, Descartes definió a los animales no humanos como máquinas vivientes, “machina animata”, seres carentes de alma y, por tanto, incapaces de experimentar dolor ni emoción alguna. Así, sus quejidos no serían tales, solo el chirrido propio de un mecanismo que funciona mal, igual que el chirrido de la rueda de un carro no significa que el eje sufra, sino que no está engrasado.
Descartes nos puso en bandeja olvidar a Pitágoras, que siglos antes había dado nombre a los primeros vegetarianos; que consideraba a los animales poseedores de un alma similar a la humana, y con idéntica capacidad de amor y de sufrimiento; que experimentaba la felicidad cada vez que podía comprar una vida para liberarla.
Quizá Nietzsche pidió perdón al caballo en nombre de Descartes, como quiso creer Kundera, o quizá simplemente lo hizo en su propio nombre, por no haberlo hecho antes, por no haber sido consciente de ese inmenso sufrimiento hasta verlo en unos ojos y en un cuerpo torturado, por haber sido él mismo víctima de Descartes, como en el fondo lo ha sido toda la humanidad.
Son cientos, miles de años de creencia en la superioridad, de permiso para dominar, de impunidad en el uso y la explotación de otros. Y mientras la sociedad avanza y deja atrás viejas creencias, como esa que hasta el mismo siglo XX no dudaba de la superioridad de los blancos sobre todos los demás hombres, ni de la superioridad de los hombres frente a todas las mujeres, los animales no humanos esperan su turno para recuperar algo tan básico como su derecho a existir y a no ser maltratados.
Ya nadie duda de que todos los humanos tenemos derecho a una existencia digna. Pero ha costado. Hace solo unas décadas esta premisa fundamental no estaba tan clara. Aún hay quien sigue cuestionándola, pero hemos logrado llegar a un punto donde ponerla en cuestión en público, simplemente verbalizarla, es reprobable y hasta puede ser constitutivo de delito.
Nelson Mandela tuvo que explicar ante muchos de sus congéneres, los mismos que lo señalan ahora como un ejemplo para la humanidad, que los negros sangraban igual que los blancos, sufrían igual que los blancos y tenían las mismas ganas de vivir que los blancos. De eso hace solo sesenta años, y unos pocos años antes aún había zoos humanos, donde las familias blancas acudían a contemplar niños negros con unos argumentos que ahora rechazaríamos de plano porque, en nuestra propia evolución, hemos asumido el racismo, igual que el sexismo, como formas de violencia.
Los estudios científicos han demostrado que los animales no humanos también sienten. Que aman, que sufren, que establecen vínculos emocionales con sus semejantes y con individuos de otras especies, incluso jerarquías en sus grupos sociales. Que tienen, en definitiva, necesidades vitales, físicas y emocionales. Pero nosotros, los animales humanos, que nos creemos superiores como en el Génesis, seguimos anclados en la teoría de Descartes. Y es nuestro código cultural el que determina si un animal no humano es digno del derecho a satisfacer o no esas necesidades.
En nuestra evolución como especie, hemos asumido que todas las vidas humanas merecen respeto. Y por eso el racismo o el sexismo, tan arraigados culturamente, van quedando poco a poco atrás. Hay resistencias, reductos donde tratan de hacerse fuertes, pero ya no es un comportamiento moralmente aceptable.
El reto pendiente es asumir que las vidas de los demás animales también tienen un valor intrínseco. Porque la ética de una sociedad se mide por el trato que brinda a sus miembros más débiles, y la verdadera prueba de moralidad, como decía Kundera, radica en la relación que los humanos establecemos con quienes están a nuestra merced. Y esos son los animales no humanos. Todos. Al margen de las etiquetas que cada cultura haya puesto a unos y a otros.
A estas alturas de la película nada justifica que nos escandalice el maltrato a un perro o a un gato cuando miles de millones de otros animales con idéntica o superior capacidad de sufrimiento son masacrados para satisfacer nuestras necesidades o caprichos. Y menos aún teniendo en cuenta que disponemos de opciones para vivir plenamente sin condenar a nadie al sufrimiento. Ya no podemos creer que se pueda defender el medio ambiente sin luchar contra unos métodos de explotación animal que constituyen una aberración, no solo por el sufrimiento atroz que causan a sus víctimas directas, sino por el daño indirecto que causan a la naturaleza. Ya no podemos contemplar el incremento del hambre y la miseria en el mundo si no es como consecuencia directa de un engranaje endiablado en el que los animales no humanos son una pieza más, y los animales humanos, otra. Y solo luchando juntos, los más fuertes en primera línea, protegiendo a los más débiles, podemos tener esperanza en nuestro futuro.
Creemos que ese futuro pasa por abrazar, como Nietzsche al caballo de Turín, a los demás animales. Por pedirles perdón en nombre de la humanidad y en nombre de Descartes. Por reconocerles sus derechos como antes se los reconocimos a otros humanos a quienes creímos menos valiosos. Por luchar contra el especismo como lo hacemos contra el racismo o el sexismo. Por considerar que no puede haber razón sin empatía. Porque sabemos que solo respetando a un animal no humano, solo experimentando como propios sus intereses y su sufrimiento, podremos decir que nos interesamos de verdad por la vida y que somos realmente humanos.
** Tomado de: http://www.eldiario.es/caballodenietzsche/caballo-Nietzsche_6_237686248.html
domingo, 16 de febrero de 2014
Robert Dahl y la Democracia
Casi centenario, murió uno de los más influyentes teóricos de la democracia moderna
![]() |
| Dahl. El autor del libro ‘¿Quién gobierna?’. Foto: El País |
El 7 de febrero, a
los 98 años, falleció Robert Dahl, sin duda uno de los grandes de la ciencia
política contemporánea y probablemente el más ilustre representante de los
estudios de teoría de la democracia de la segunda mitad del siglo XX.
Toda su obra gira
en torno a una obsesión, dar cuenta de las características, ambivalencias y
peligros de la democracia, sus muchas acepciones y las amenazas que siempre
acechan a su realización plena.
Su máximo logro
puede que consistiera, sin embargo, en habernos proporcionado el método más
completo y eficaz para emprender estos estudios con rigor científico sin tener
que renunciar a un análisis eficaz de sus componentes normativos. Hasta que él
entró en escena, los estudios de la democracia se escindían en dos enfoques
separados. De un lado estaba toda la literatura de teoría o filosofía política,
que abordaba el objeto desde un enfoque puramente normativo; y, de otro, los
análisis empíricos que se concentraban en aspectos concretos del funcionamiento
de los sistemas democráticos “realmente existentes”. Unos especulaban y otros
hacían estudios de campo. Faltaba el engarce, justo aquello que Dahl consiguió
proporcionarnos a lo largo de un esfuerzo que le llevó toda una vida.
Su libro de 1961
Who governs (¿Quién gobierna?) fue absolutamente rompedor. Para el Times
Literary Supplement es uno de los 100 libros más influyentes desde la II Guerra
Mundial.
Un estudio de caso,
la adopción de decisiones políticas en la ciudad americana de New Haven, le
permitió demostrar cómo la práctica política confirmaba el presupuesto teórico
de que todos los grupos tienen la misma capacidad efectiva de hacerse oír e
influir sobre las decisiones públicas, que el ejercicio de la democracia en los
Estados Unidos era, en efecto, pluralista. Más adelante comenzaría a tener
dudas al constatar la dificultad de las democracias para cumplir su ideal, el
gobierno del pueblo para el pueblo. El núcleo normativo de la democracia se
encontraba en el principio de igualdad política, amenazado siempre por las
interferencias del poder económico y las dificultades de instrumentalizar un
sistema institucional y un conjunto de prácticas con capacidad de realizarlo.
De ahí que prefiriera definir la democracia real como poliarquía, el “poder de
los muchos”, que no equivale necesariamente al poder del pueblo.
Su libro de ese
mismo título, aparecido en 1971, marcaría el comienzo de un esfuerzo por
establecer un catálogo de las condiciones procedimentales y culturales mínimas
que nos permiten confirmar la realización del ideal democrático. Dado que
ningún régimen político las cumple en su totalidad, ningún sistema puede
presentarse como pleno, la democracia es un ideal permanentemente inacabado.
Pero esa especificación de sus rasgos consustanciales sirvió para establecer un
magnífico rasero capaz de facilitar la comparación entre sistemas políticos.
Tomado de La Razón (Edición Impresa) / Fernando Vallespín - Universidad Autónoma de Madrid. 00:00 / 16 de febrero de 2014
sábado, 1 de febrero de 2014
EL PORQUE DE UNA DECISIÓN
Estamos a escasos 35 días para las elecciones que designara el nuevo Congreso de la República, en medio de las diferencias y contradicciones internas de los partidos políticos tradicionales y de izquierda, que han dejado de generar confianza en los ciudadanos, expresando un personalismo, en el cual se ve más a los líderes que a los partidos como tal.
El gran reto para los partidos está en construir un proyecto político sólido y bien definido, con objetivos a corto y largo plazo y estrategias para desarrollarlo. Hacer esto implica refundar esas colectividades desde adentro, fortalecerlos ideológica y políticamente. Al mismo tiempo tienen que hacer mucho trabajo con las bases para convencer a los ciudadanos de la importancia y viabilidad del proyecto político que representan. Esto quiere decir que la persuasión debe ser la herramienta principal para obtener los votos de las personas y no el clientelismo. Los ciudadanos necesitamos unos partidos que estén más preocupados por representar nuestros intereses de desarrollo social equitativo, que pensar solamente en ganar unas elecciones.
Hoy más que los partidos, se debe valorar los liderazgos individuales y sus actuaciones y resultados como figuras públicas; en la que valores como la ética, la transparencia, el humanismo y la sensibilidad social, sean los principios que rigen su actividad pública.
Por ello decidir quienes nos van a representar, debe ser el resultado de una profunda reflexión y estudio de la hija de vida de cada uno de los aspirantes a ocupar esos cargos de elección popular. La responsabilidad que hoy tenemos es la de rescatar el Congreso de la República para la política decente, que no es más que anteponer el interés público al privado, alejada de las prebendas y la corrupción.
Estos valores son la base con la que un grupo de amigos y amigas, con quienes hemos recorrido un largo camino de construcción de una forma diferente de ver y ejercer la política y la acción social, trazamos una ruta de lo que debe ser nuestro comportamiento en las próximas elecciones y definir a quien vamos a brindarle todo nuestro respaldo y compromiso para las elecciones del Congreso de la República, partiendo de un principio, en todas las colectividades políticas hay excelentes dirigentes políticos con valores y principios éticos, así como aquellos que ven en la política una forma de lucrarse.
El Doctor Juan Carlos Martinez Gutierrez, actual Representante a la Cámara y cabeza de lista a esa misma corporación por el Partido de la U, como Copresidente de la Comisión de Paz, asumió la tarea y compromiso de respaldo y defensa de la búsqueda de la paz que ponga fin al conflicto armado, liderando la realización de cerca de 30 mesas regionales en las que se visibilizaron la problemática en las regiones y en defensa del proceso de negociaciones entre las guerrillas de las FARC y el Gobierno Nacional, haciendo entrega de las conclusiones de esos foros a la mesa de negociación en la Habana. Igualmente ha sido defensor de un sistema de salud que mejore la calidad y la eficiencia en la prestación de ese servicio a la población más pobre del país, especialmente del régimen subsidiado.
Al tomar esta decisión, asumimos el compromiso de continuar desarrollando el pensamiento político basado en el dialogo ciudadano para el fortalecimiento de la democracia, la construcción de una sociedad más equitativa, en la que nuestros gobernantes y legisladores trabajen por el bien común.
El gran reto para los partidos está en construir un proyecto político sólido y bien definido, con objetivos a corto y largo plazo y estrategias para desarrollarlo. Hacer esto implica refundar esas colectividades desde adentro, fortalecerlos ideológica y políticamente. Al mismo tiempo tienen que hacer mucho trabajo con las bases para convencer a los ciudadanos de la importancia y viabilidad del proyecto político que representan. Esto quiere decir que la persuasión debe ser la herramienta principal para obtener los votos de las personas y no el clientelismo. Los ciudadanos necesitamos unos partidos que estén más preocupados por representar nuestros intereses de desarrollo social equitativo, que pensar solamente en ganar unas elecciones.
Hoy más que los partidos, se debe valorar los liderazgos individuales y sus actuaciones y resultados como figuras públicas; en la que valores como la ética, la transparencia, el humanismo y la sensibilidad social, sean los principios que rigen su actividad pública.
Por ello decidir quienes nos van a representar, debe ser el resultado de una profunda reflexión y estudio de la hija de vida de cada uno de los aspirantes a ocupar esos cargos de elección popular. La responsabilidad que hoy tenemos es la de rescatar el Congreso de la República para la política decente, que no es más que anteponer el interés público al privado, alejada de las prebendas y la corrupción.
Estos valores son la base con la que un grupo de amigos y amigas, con quienes hemos recorrido un largo camino de construcción de una forma diferente de ver y ejercer la política y la acción social, trazamos una ruta de lo que debe ser nuestro comportamiento en las próximas elecciones y definir a quien vamos a brindarle todo nuestro respaldo y compromiso para las elecciones del Congreso de la República, partiendo de un principio, en todas las colectividades políticas hay excelentes dirigentes políticos con valores y principios éticos, así como aquellos que ven en la política una forma de lucrarse.
El Doctor Juan Carlos Martinez Gutierrez, actual Representante a la Cámara y cabeza de lista a esa misma corporación por el Partido de la U, como Copresidente de la Comisión de Paz, asumió la tarea y compromiso de respaldo y defensa de la búsqueda de la paz que ponga fin al conflicto armado, liderando la realización de cerca de 30 mesas regionales en las que se visibilizaron la problemática en las regiones y en defensa del proceso de negociaciones entre las guerrillas de las FARC y el Gobierno Nacional, haciendo entrega de las conclusiones de esos foros a la mesa de negociación en la Habana. Igualmente ha sido defensor de un sistema de salud que mejore la calidad y la eficiencia en la prestación de ese servicio a la población más pobre del país, especialmente del régimen subsidiado.
Al tomar esta decisión, asumimos el compromiso de continuar desarrollando el pensamiento político basado en el dialogo ciudadano para el fortalecimiento de la democracia, la construcción de una sociedad más equitativa, en la que nuestros gobernantes y legisladores trabajen por el bien común.
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